En la librería

Después de encontrarme con un amigo al que hacía mucho tiempo que no veía, decidimos entrar a una restaurante y comer algo delicioso mientras nos poníamos al día. Aproximadamente a las cinco de la tarde entramos a un complejo de tiendas comerciales, no lo pensé mucho antes de correr a mi lugar favorito: la librería. ¿Por qué es el lugar que siempre visito primero? Porque en los libros hay magia. Donde otros ven trozos de papel envueltos en cartoncillo y tinta impregnada en su interior, yo veo pequeñas puertas hacia mundos interminables, con personajes que viven dentro y tienen algo que decir.

El dependiente de la librería me miró desde la caja registradora, mientras yo caminaba entre los estantes, paseando mi mano sobre los libros acomodados en filas, mostrando sus portadas coloridas o sobrias, ostentando el nombre de su autor y tratando de atraerme con sus títulos. Yo buscaba el amor entre ellos. Buscaba alguno que despertara mi imaginación, que al adentrarme en sus hojas su historia se impregnara en mi imaginación, uno que enamorara lo más profundo de mi esencia y que hiciera fluir mis emociones. Podía respirar el aroma de la imprenta y el aroma de un libro nuevo mezclado con el aroma de una taza de café. No podía ver mi propio rostro, pero era el rostro de una mujer ilusionada, esperanzada y a punto de caer enamorada.

Abrí los ojos cuando el paso que di hacia el frente fue detenido abruptamente por otro objeto. ¿Objeto? El dependiente estaba frente a mí sugiriéndome un título y luego otro y otro más, todos del mismo autor: Stephen King. El célebre Stephen King escribe terror… Aunque no me gusta el terror, reconozco que en su obra más famosa “It”, tiene un estilo puntual, claro y mantiene al lector a la espectativa ¡Sí, es un buen escritor! Sin embargo, aunque me enamora el estilo ¿cómo podría enamorarme del terror? Cuando leí “It” tranquilamente, pasé algunas noches pensando en sus letras, a veces tenía miedo de la oscuridad, otras veces tenía miedo de lo que mi imaginación y mi miedo eran capaces de lograr.

El dependiente me dijo “Stephen King es mi ídolo”. Le eché una mirada por encima de mis lentes, los acomodé con mi dedo índice, pestañeé dos veces y contesté: Stephen King algunas veces escribió bajo los efectos de drogas o alcohol, si bien es cierto que muchos otros grandes autores lo han hecho de la misma forma, creo que su talento puede fluir dentro de lo saludable.

El dependiente frunció el ceño y dijo que cada quien encuentra la inspiración de diferentes formas, estaba seguro porque dijo que el escribía, le dije que yo también. Dejó de fruncir el ceño y solo abrió más los ojos en señal de asombro.

Aunque tuvimos una diferencia de opiniones, al final me quedé con una buena impresión de un dependiente que no solo trabaja como un robot sino que le gusta leer y le gusta estar entre los libros, vivir entre los libros, incluso le gusta vivir de los libros.

Continué mi camino entre títulos, pensando en ¿cómo? ¿Cómo puedo y cómo puede ser alguien más un buen escritor? Tener ganas no es suficiente, pero instruirse, perseverar, conocer una gran variedad de autores y estilos, leer mucho, leer de todo, escuchar historias, tener experiencias, tener la curiosidad de un niño, escribir cada día con los sentimientos aflorados, eso contribuye a nuestra propia reflexión, crecimiento intelectual, mejora personal y con un toque de regalo celestial llamado “talento” podríamos llegar a ser un buen escritor.

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