Diskette ¿Vintage?

La palabra “vintage” no se limita tan solo a una moda, también es utilizada para denominar objetos que pertenecen a una época pasada (sin llegar a considerarse como antigüedad) y poseen un valor especial por su historia, significación y valor estético.

La diferencia entre lo vintage y lo retro es básicamente referente a su momento de creación. Mientras que lo vintage fue elaborado en el pasado, lo retro es manufacturado en el presente  co diseño de una época anterior.

A propósito del significado de esta palabra, en alguna de mis redes sociales, encontré una publicación extensa, maravillosa y nostálgica. Una colección de imágenes que para muchas personas de mi generación evocarían recuerdos, sensaciones y sonrisas. Podría mencionar una serie de objetos populares en mi infancia, sin embargo, las modas quizás no fueron internacionales y sería incomprensible para todos los lectores que no hayan crecido en México.

De entre todos estos objetos, hay uno internacional que capturó mi atención: ¡El viejo disco de 3 1/2! Sí, ese cuadrito raro que insertábamos en la ranura de la PC, también llamado “disquete”, “disco flexible”, “diskette” o “floppy disk”. Estos pequeños objetos fueron fabricados en el año de 1971 (los de 8 pulgadas) y en 1982 los primeros diskettes de 3 ½ pulgadas que tuvieron su triste desaparición alrededor del año 2000 porque a mediados de los años noventa el aumento del tamaño de los software, provocó que  muchos programas fueran migrando a la modalidad de CD-ROM.

Los “floppy disk” variaban en su capacidad desde 1.44 MB hasta 240  MB (hoy en día, una memoria USB de 8 GB, sería equivalente a 5555 discos flexibles de 1.44 MB). Comparado con los dispositivos actuales, solo cubrían la necesidad de transportar archivos necesarios para alguna presentación, trabajo escolar o como discos de arranque para el sistema operativo, sin embargo ¡cuánta felicidad les cabía!

No puedo olvidar la manera en la que los disquetes se vendían en las papelerías durante mis años adolescentes,  tampoco soy capaz de decir si tuve veinte, treinta, cuarenta o cien, pero puedo decir que fui feliz transportando ese pequeño objeto en mi mochila, con montones de imágenes de mi grupo musical favorito, tareas escolares y una que otra confesión romántica en archivo electrónico. Ponerles etiqueta y nombre era toda una aventura y tratar de salvarlos de que el chico que me gustaba no los leyera era toda una odisea. ¿Alguien más recuerda la felicidad contenida en esa cajita de 3 y media pulgadas?

En la actualidad los diskettes son obsoletos y la mayoría de las computadoras ya no incorporan estos dispositivos pues con la llegada del acceso total a internet, de las redes Ethernet baratas y de las memorias flash o USB de bajo costo, han dejado de ser necesarios para la transferencia rápida de datos.

Para concluir este artículo debo decir que hay objetos que dentro de muchos años miraremos y sonreiremos, quizás suspiremos al recordar la buena sensación que tuvimos al tenerlos en nuestras manos por primera vez, como por ejemplo una fotografía familiar, una prenda de vestir, algún accesorio, un diario o una carta. La verdad es que, no importa cuántos instrumentos de almacenamiento se hayan creado o estén por crearse, el único almacenamiento gigante está dentro de nosotros y no hablo solo de la memoria que con el tiempo se deteriora y se pierde, hablo de lo que el mundo describe como el corazón, así pues,  la memoria del corazón o la memoria emocional que se volverá vintage al igual que el floppy disk y mil objetos más.

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