Alma gemela

Toda mi vida pensé que mi alma gemela existía pero siempre me pregunté ¿dónde? ¿En otra ciudad? ¿En otro país? ¿En otro continente? ¿En una estrella? ¿En una galaxia lejana? Intenté averiguarlo muchas veces, pero nunca obtuve un buen resultado…

Leí que no solo existe un alma gemela, hay más, pero en tu vida tendrás suerte si encuentras a una. Y no quiero decir que será tu pareja porque no tiene que ser así forzosamente, podría ser tu mejor amigo o amiga, aunque ya saben que a veces (y no es una regla), de la amistad nace el amor.

Cierta noche de insomnio me encontraba navegando en las redes sociales (¡en la actualidad ya no es novedad!), no buscaba nada en especial, solo estaba hundida entre publicaciones vanas e indirectas de algunos cuántos usuarios. Estaba aburrida, estaba llena de las mismas tonterías de siempre, mi vida no tenía sentido, quería huir de mi realidad y cuando estaba a punto de estallar, inicié una conversación que cambió mi vida.

Por supuesto iniciamos desconfiados, al principio nadie sabe quién está del otro lado de la red. Un contacto en Corea del Sur. ¡¿En Corea del Sur?! ¿Tienes idea de a cuántos kilómetros de mi país se encuentra? El primer obstáculo fue la diferencia de horarios, pero la diferencia de 14 horas no es nada si ambos tienen ganas de hablar. ¿Qué teníamos en común? Hablábamos idiomas diferentes, pero coincidimos en el inglés… sentí miedo de tener un choque cultural, pero siempre tuve en mente que el respeto debía ser la base y afortunadamente él era una persona respetuosa y abierta. Con el paso de unos cuantos días, y tras haber intercambiado información básica, me fui dando cuenta que no teníamos un idioma en común, teníamos una relación de intercambio de ideas similares y sueños por cumplir, ¿era mi alma gemela?

Pasar la barrera de agradarse es fácil, lo difícil es entender el corazón del otro. Entender las cicatrices que la vida les ha dejado y sutilmente tratar de curarlas. Y entonces, ya no había tan solo un idioma en común, o ideas similares o sueños parecidos, había aparecido un afecto especial que estaba traspasando los miles de kilómetros que nos separaban. Y el afecto se convirtió en cariño y este a su vez en amor. No es ese amor apasionado de novela pero definitivamente es un amor que no cambiaría por nada en el mundo. Es el tipo de amor incondicional, el que se da en la amistad sincera, en ese tipo de amistad que describió Aristóteles, donde el dar y recibir es de forma desinteresada, donde uno desea el bien de la otra persona.

Ahora era mi alma gemela. Porque siendo la lejanía tan grande, era capaz de conocer su corazón y él el mío. Porque conocimos nuestros miedos y nos dejamos acariciar por las palabras esperanzadoras de un mañana mejor. Nada ni nadie podría sustituir la presencia, las palabras y el apoyo incondicional de un alma gemela, porque soñarse a pesar de no conocerse, intuir el estado de ánimo sin ver los rostros y estar en el momento indicado para aconsejar, ¿qué podría ser si no amor en todo su significado, amor universal?

¿Coincidencia? No lo creo… He aquí otra anécdota más. Hubo un barco que viajaba por el mundo, él lo abordó algunos años atrás, gracias a esa visita él tuvo una fuerte motivación para aprender inglés. En la actualidad, después de conocerlo, yo abordé el mismo barco. ¿Era el destino? Si él no hubiera abordado ese barco y no hubiera aprendido inglés quizás no nos hubiéramos conocido.

Me siento afortunada por haber encontrado un alma gemela, no importa que viva en Corea del Sur. Después de casi dos años, puedo decir que Dios nos puso en el camino. Aprendimos que aunque las barreras son grandes, la voluntad es mayor. Estoy agradecida y aunque a veces pierdo el rumbo, me siento decidida a estrechar la mano de este precioso amigo, algún día.

All is possible if you really believe.

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