Los diferentes

Hola, persona diferente… sí, tú, a ti te estoy hablando, ven, siéntate a tomar un café conmigo. ¿No te gusta? ¿Prefieres un té? Pide lo que gustes, yo te voy a invitar.

A simple vista te ves como el resto, no no no, no me malinterpretes, me refiero a que, mírate en el reflejo que está a tu lado… ¿no tienes acaso dos ojos también? Espera, ¿tienes dos orejas? ¿Una nariz? ¿dos brazos? ¿dos manos? ¿dos piernas? ¿dos pies? ¡Oh! Tenemos la barriga distinta, yo la tengo inflada y tú la tienes pareja. Pero ¿no tenemos dentro los mismos órganos manteniéndonos vivos? ¿Qué? ¿Te sacaron el apéndice? ¿Perdiste tu vesícula? ¡Bien! Pero aún así somos de la misma especie… ¿no crees?

¿Somos diferentes? Bueno, admito que cada quien tiene su individualidad. Por ejemplo, ambos somos sensibles. A mí me gusta escribir y a ti te gusta dibujar. Quizás aquélla persona tiene facilidad de palabra o esa otra tiene una voz angelical. A aquél hombre el ritmo lo lleva bailando en vez de caminar. Sí, esta es la magia de los dones y de la sensibilidad. Cada quién percibe una parte de la extensa realidad.

Pero si tú eres diferente del resto, mi querido amigo, debes apreciar la belleza y la desgracia de ser especial. Nosotros no somos vanos, nuestros poros emanan emociones de colores que solo entre nosotros los hermanos diferentes, podemos observar. A menudo creemos que la Deidad se equivocó en nuestras vidas o que no estamos listos para vivir entre la sociedad. Pero no temas, aquí frente a frente te digo, que no es tu culpa y no es malo ser como tú, ser como yo o como aquél que expresa en su cuerpo su historia, sus creencias o el dolor de la desigualdad. Estamos preparados para el mundo, pero la sociedad no está lista para aceptar las diferencias.

Hermano, no censures tu naturaleza, no borres la huella de tu marca personal. Es posible que otros no te entiendan, pero definitivamente debes ser paciente y saber perdonar. Estás vivo en este preciso momento, no puedo decirte con certeza la razón, pero aprovecha el instante para enseñar con respeto lo invaluable de tu corazón. Comprende al que no entiende y valora a quién es diferente, pues en un planeta tan grande, la diversidad de ideas es un recurso no renovable. Expresa con tu don, deja al alma que hable, escribe, dibuja, canta, baila, comparte con el mundo tu arte, tu pasión y no desistas ante un dedo que te señale. Y si así lo hiciese alguien, levanta tu frente y orgulloso grita: ¡Soy diferente y como tú, soy parte del mundo! ¡Soy el representante de las emociones y mi casa está en el ar

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